miércoles, 2 de marzo de 2011

CAPITULO I.
EL SECUESTRO.
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Parte I.
Suponía que algo pasaría esta mañana. Lo presentía. Las calles de la ciudad estaban un poco abandonadas,
como si la gente no hubiera querido salir de sus casas aquel día, como si todos se hubieran puesto de
acuerdo para no cooperar en mi compulsividad al comprar.
Todas las tiendas estaban cerradas y casi no había tráfico de autos, sólo un par de micros que pasaban
 cada quince minutos, completamente vacías. ¿Dónde estaba toda la gente?.
No sabía qué sentía...¿Miedo? ¿Incertidumbre? ¿Histeria? ¿Ansiedad?. Era todo tan extraño.
Decidí volver a mi casa, por lo menos a esperar que alguien apareciese. Tomé la micro, que no demoró más
 de diez minutos. el conductor era extraño, pues parecía ensimismado en la solitaria carretera, como mirando
 a un horizonte inexistente.
Me senté, apoyada en la ventana mirando el desconocido paisaje. Las ventanillas superiores estaban abiertas,
por lo que el viento golpeaba mi rostro y despeinaba mi cabello.
Algo no andaba bien pues las desviaciones de la micro me llevaban a lugares nunca antes visto por mi.
Presioné el timbre para bajarme, ya no podía seguir llendo a un destino que el conductor me ocultaba.
 Las puertas se abrieron de par en par, en algo que parecía desierto. Si, era realmente como un desierto.
De mi bolso saqué mi celular para comunicarme con alguien, algún taxi o locomoción cercana, pero no había señal.
 ¡Dios! ¿Qué hago?. A lo lejos vi una cabina telefónica que serviría para pedir ayuda, pero ¡sorpresa! Antes de
 que pudiera acercarme un centimetro apareció un auto descapotable rojo, muy amenazante.
Sus pasajeros se veían grandes, como 'fortachones', tanto que me llegaron a causar una especie de miedo y
casi por inercia corrí a la cabina, que para mi mala suerte no tenía tono. El auto se seguía acercando y
salí, moviendo mis piernas a lo máximo que daban. No sé dónde, sólo quería escapar de un destino que amenazaba
con ser desastroso.
Me rendí rápido. Mi estado físico no era perfecto y no podía correr más. el descapotable se cruzó al frente mio,
 eliminando las opciones que mi lenta mente tenía para escapar. Ahora que más quedaba, ¿Pelear? Mi derrota era segura.

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